#02 ¿Qué nos hace humanos?
Sobre construir futuros deseables y hacerse las preguntas adecuadas
Desde que estalló nuestro particular Big Bang en este Universo 42 tuvimos claro que queríamos hablar y escribir de temas originales o novedosos. Temas que a lo mejor no estaban en boca de nadie y había que poner encima de la mesa. Y, siendo fieles a nosotros mismos desde el principio, aquí estamos: hablando de inteligencia artificial 🙂
A lo largo de millones de años de evolución, los humanos no hemos conseguido vencer nuestra innata tendencia a hacernos las preguntas equivocadas y acabar frustrados con respuestas que no nos resuelven mucho. El ejemplo más reciente seguramente sea el bombardeo de cuestiones sobre qué ocurrirá cuando deleguemos en las máquinas tareas tradicionalmente asociadas a la inteligencia humana. Y no es que sean preguntas equivocadas por ser poco importantes, sino que lo son porque se nos ha olvidado empezar por el sitio por el que suele convenir empezar: por el principio. Que en este caso seguramente sea cuestionar exactamente aquello que nos hace humanos. Qué parte de nosotros no deberíamos delegar si queremos preservar nuestra esencia, nuestra humanidad y la confianza en lo que este puñado de monos ligeramente evolucionados puede lograr cuando trabajamos todos juntos.
Porque, ¿qué ocurre cuando las máquinas empiezan a hacer tareas tradicionalmente asociadas a la inteligencia, a la empatía, el humor, la belleza y un largo etcétera que nos fuerza a redefinir qué valoramos realmente de las personas?
Homine ex machina
Partamos de una idea quizás controvertida: que la IA no ha venido a sustituir a lo humano, sino que lo que debe hacer es ayudarnos a reivindicar lo que realmente somos. Claro, que para eso tal vez necesitemos un ligero cambio de perspectiva. Porque es curioso cómo, a lo largo de la historia, hemos tendido a confundir inteligencia con humanidad —a pesar de que no nos han faltado ejemplos de personas con una inteligencia desmedida y una humanidad cuestionable. Pero, para espanto de quienes crecimos siendo algo empollones en clase, tal vez debamos asumir que lo que nos hace humanos nunca residió en el cálculo, la memorización o la producción de textos, sino en otras capacidades mucho menos «eficientes» pero tanto o más valiosas para la sociedad: en el juicio moral, en gestionar la ambigüedad, en el afecto y la empatía, en la intuición y en la creatividad, y, por supuesto, en la capacidad de otorgar sentido a la complejidad y ser capaces de resolver problemas complejos que no se nos habían planteado antes. Y en el sutil arte de llenar largas enumeraciones de elementos aparentemente inconexos y que, al final, tengan algo de sentido.
La IA está convirtiendo en commodity muchas de nuestras capacidades intelectuales. Precisamente por eso, lo humano —lo verdaderamente humano— gana valor.
El tecnólogo y pensador Jaron Lanier lleva años defendiendo la idea de que la tecnología debería servir para amplificar la dignidad humana, no erosionarla. En su libro You Are Not a Gadget ya advierte del riesgo de convertirnos en extensiones de los algoritmos y adaptar nuestro comportamiento a la lógica de las máquinas en lugar de utilizar la tecnología para expandir nuestras capacidades humanas. Desde luego, crear robots para acabar robotizándonos a nosotros mismos no parece un plan muy inteligente.
En una línea distinta pero complementaria, Mustafa Suleyman, cofundador de DeepMind, sostiene en su libro The Coming Wave que estamos entrando en una etapa histórica en la que la humanidad dispondrá de herramientas intelectuales extraordinariamente poderosas, capaces de alterar profundamente la economía, la política, la seguridad y nuestra forma de relacionarnos con el conocimiento.
Pero, precisamente por eso, argumenta que el gran reto ya no es tanto tecnológico como profundamente humano y que estamos en un momento clave para desarrollar la madurez ética, institucional y cultural necesaria para convivir con capacidades que superarán ampliamente cualquier experiencia histórica previa. De nosotros depende el nivel de nostalgia que los humanos que nos sucedan tendrán sobre la humanidad perdida ante las máquinas.
Tiempo de futuros
Hace poco más de un mes David Alayón publicó su libro «Tiempo de futuros», que conecta poderosamente con la tesis que os planteamos aquí. El futuro no es algo que simplemente «ocurre», sino algo que se moldea a partir de cómo imaginamos que va a ser. Por eso, las sociedades que pierden la capacidad de imaginar futuros deseables, acaban entrando en crisis y colapsando. Otra cosa que, desde nuestro humilde punto de vista, convendría evitar.
De hecho, David insiste mucho en la importancia de combatir el «colapso imaginativo» contemporáneo, es decir, esa sensación de que el futuro ya no es una promesa sino una amenaza. Pero combatirlo no depende tanto de las máquinas o la tecnología que creemos, como de nuestra capacidad para conectar los unos con los otros e ilusionarnos tomando las riendas del futuro que queremos.
La siguiente revolución
La revolución industrial mecanizó nuestro cuerpo, las tareas repetitivas y la fuerza bruta. La IA ya está mecanizando parte de nuestras tareas cognitivas. Pero eso, bien implementado, puede liberar espacio para habilidades históricamente infravaloradas por el modelo económico moderno: empatía, creatividad, imaginación, liderazgo humanista, construcción de comunidad o pensamiento crítico.
En nuestra querida Guía del Autoestopista Galáctico tuvieron que esperar 7 millones de años para que un súper ordenador respondiera a «la pregunta definitiva sobre la vida, el universo y todo lo demás» con un maravillosamente frustrante «42». Y fue así por lo mismo por lo que llegar al futuro que deseamos no es sencillo. Porque el problema no fue nunca la respuesta, sino que nadie había entendido realmente cuál era la pregunta y cómo formularla para acceder a las respuestas que buscamos.
Estamos entrando en una era en la que las máquinas empiezan a responder extraordinariamente bien. Son capaces de redactar, sintetizar, programar o analizar sin problemas y de forma más eficiente que un humano. Son capaces, incluso, de generar buenas ideas en segundos. Pero precisamente por eso, el valor empieza a desplazarse desde la capacidad de responder hacia la capacidad de formular las preguntas relevantes, profundas y humanas. Esto, admitámoslo, es un reto para una sociedad más centrada en su particular obsesión por acumular pequeños trozos de papel verdes, sin que esto haga felices ni a los pequeños trozos de papel verdes ni a quien los acumula.
Pero probablemente, en pocos años, empezaremos a hablar de esta era como aquella en la que cuando las máquinas aprendieron a responder, nosotros tuvimos que volver a aprender a preguntar. Y eso nos toca: hacernos las preguntas adecuadas. Y proteger y elevar la parcela de nuestra humanidad.
Antes temíamos no tener respuestas. Ahora empezamos a descubrir que el verdadero riesgo es dejar de hacernos preguntas. La IA puede ayudarnos a construir el futuro. Pero primero necesitamos decidir qué futuro merece ser construido.
NOVEDADES
El pasado viernes 29 de mayo arrancó por fin el curso de Pensamiento Crítico de Alicia Chavero. Doce personas en un lugar muy especial, con tiempo para pensar despacio y hablar con rigor: exactamente el tipo de experiencia que no cabe en ninguna red social. Si te quedaste fuera esta edición, la buena noticia es que a finales de año volvemos con la siguiente y muy pronto publicaremos todos los detalles.
Y, esta vez en Barcelona, el pasado sábado 30 de mayo comenzó la última edición del curso de Filosofía como Ventaja Táctica de Máximo Gavete. Y quedan por delante 4 semanas para aprender a pensar mejor. La próxima edición será en noviembre en Madrid y ya te puedes apuntar aquí.
AGENDA
El próximo 9 de julio por la tarde nos encontraremos en algún rincón del centro de Madrid para tomar algo y conversar con Almudena Martín Castro. Será una de esas tardes en las que el plan oficial es charlar, pero lo que ocurre de verdad es más difícil de describir. De momento guárdate la fecha y déjanos tu email aquí para enterarte de todos los detalles.
CONTENIDOS RELACIONADOS
El Papa León XIV publicó el 25 de mayo Magnifica Humanitas, su primera encíclica. 40.000 palabras sobre los riesgos de la inteligencia artificial para la dignidad humana. Acto seguido, un análisis técnico publicado en LessWrong sugería que partes del texto podrían haber sido escritas Claude mediante algún ayudante despistado. El documento aborda la concentración de poder tecnológico, la dignidad humana y la necesidad de «desarmar la IA». Creemos que, irónico o no, es una lectura muy oportuna para seguir profundizando en la necesidad de humanidad en la era de la IA.
RECOMENDACIONES
Y para ampliar el horizonte de Universo 42, este mes te recomendamos seguir a David Alayón, CEO y cofundador de Innuba. David lleva años ayudándonos a pensar y estrategiar mejores futuros a través de la innovación y el pensamiento crítico. No te pierdas su newsletter Future Today y su podcast Heavy Mental.
También podéis leer a David en la newsletter de Kaizen donde escribió hace muy poco sobre cómo las historias que construimos acerca del futuro condicionan nuestras decisiones presentes, nuestra capacidad de acción y hasta nuestro estado de ánimo colectivo
Si esta newsletter te ha hecho pensar, ya ha cumplido su función. No dudes en compartirla con alguien que también quiera pensar mejor en este mundo maravillosamente complejo que nos ha tocado.
Mientras tanto, nos vemos en Universo 42








