#03 ¿Aún existe la originalidad?
Sobre las historias que nos contamos, la búsqueda de lo nuevo y la apuesta por la creatividad
Los poetas inmaduros imitan; los poetas maduros roban; los poetas malos desfiguran lo que toman, y los buenos poetas lo convierten en algo mejor, o al menos, en algo diferente. –T.S.Elliot
Admitamos, ya de entrada y con cierta desvergüenza, que la pregunta con la que arranca esta entrada es de las menos originales que existen. Llevamos ya milenios de duelo por la falta de originalidad, haciéndonos exactamente la misma pregunta, mientras cada generación pone cara de acabar de descubrir el fuego y la tostada con aguacate.
Todo el que escribe sale, antes o después, a buscar a las musas (que, como toda divinidad que se precie, atienden sin horario fijo y rara vez te devuelven la llamada). Y en esa expedición tropieza uno inevitablemente con la gran duda: ¿de qué escribo, si ya se ha escrito todo? ¿De qué hablo, si ya todo se ha contado? Así que, a pesar de sabernos poco originales, hoy toca hablar de la originalidad.
La teoría de las N historias
Hay toda una estirpe de autores empeñados en demostrar que, en el fondo, nos llevamos contando las mismas historias desde los inicios de los inicios. Uno de nuestros favoritos es Kurt Vonnegut, con su propuesta de «shapes of stories» (formas de las historias), en la que reduce a un puñado de arcos narrativos todas las historias que se han contado. Arcos narrativos como: «Man in a Hole» (hombre en un agujero), «Boy Meets Girl» (chico conoce a chica), «Cinderella» (Cenicienta). Vonnegut lo expuso de maravilla en A Man Without a Country, aunque su charla magistral dibujando esas curvas en una pizarra sigue siendo de los mejores ocho minutos que podéis invertir en Youtube.
Aunque Vonnegut no fue el primero. Ya en 1895, Georges Polti sostenía en Les trente-six situations dramatiques (Las treinta y seis situaciones dramáticas) que toda historia se reduce a 36 situaciones. Polti tampoco pecó de original, ni en el título, ni tan siquiera en el número. Aquel 36 lo heredó de Carlo Gozzi, que a su vez lo había heredado de Goethe y de Schiller… sin que ninguno de los tres dejara constancia de de dónde demonios había sacado esa cifra. Es decir, una de las piedras angulares del «ya está todo contado» descansa sobre un rumor del siglo XVIII que nadie se molestó en documentar. Vamos bien, ¿eh?
Ya en el año 2016 nos acercamos a algo más parecido a una prueba de la existencia de esos arcos narrativos predeterminados. En «The emotional arcs of stories are dominated by six basic shapes» (Los arcos emocionales de las historias están dominados por seis formas básicas), Andrew Reagan y su equipo analizaron unas 1.300 obras del Project Gutenberg, midieron su carga emocional y encontraron, en efecto, seis curvas narrativas recurrentes. Otra vez seis, como defendía Vonnegut. Un número inquietantemente pequeño que nos empuja a otra pregunta: si las tramas están todas inventariadas, ¿qué nos queda?
Intertextualidad y autoría
Más allá de estas teorías reduccionistas, nos sigue quedando bastante por explorar. El campo de la intertextualidad afirma que todo texto es un mosaico de citas, ideas y narrativas previas. Si aceptamos esta aproximación por un momento, la conclusión inevitable es que queda poco o ningún hueco para la originalidad. Claro, que eso nos lleva a una pregunta aún más espinosa sobre la identidad de quien escribe: ¿es el autor creador real de algo nuevo o más bien una planta de reciclaje intelectual?
Michel Foucault se metió de lleno en este charco en ¿Qué es un autor?, donde afirma que el autor cumple una función histórica y contingente que organiza la circulación de discursos y que la originalidad no sería un hecho metafísico sino algo más parecido a una maquinaria burocrática que mantiene al día dichas historias.
Pero no olvidemos que dos historias que comparten una misma curva emocional no son iguales. Del mismo modo que mil canciones distintas caben en los mismos cuatro acordes. O que el genoma de cualquiera de nosotros son variaciones de cuatro únicas bases. Los elementos, e incluso la forma, se pueden repetir sin tener que repetir el alma.
La cultura del remix
En Remix, Lawrence Lessig, jurista de Harvard y padre de las licencias Creative Commons, divide el mundo en dos culturas: la Read-Only (RO) (sólo lectura), que se compone del público que recibe la obra cerrada y la deja intacta, como quien contempla un cuadro en un museo sin sentir la necesidad de pintarle un bigote. Y la Read/Write (RW) (lectura y escritura), la de quien recibe la obra, la corta, la mezcla y devuelve a la sociedad algo distinto.
Su tesis es que la cultura RW no es una rareza de la era de Youtube, sino que es como los seres humanos hemos tratado la cultura desde siempre. Citar una frase en una conversación es remezclar, por muchas “comillas” que hagamos los dedos. Versionar una canción es remezclar. Contar en una cena el chiste que oíste en otra cena es remezclar (con un porcentaje de éxito variable, eso sí). Con una coherencia encomiable, Lessig publicó su libro Remix, toda una defensa de copiar, transformar y remezclar, bajo licencia Creative Commons, para que cualquiera puede descargarlo, citarlo y, en efecto, remezclarlo. Olé.
Desde esta perspectiva, el remake no es el síntoma de una cultura agotada de repetirse. Es, sencillamente, cómo ha funcionado siempre la creación humana.
Gérard Genette aterriza esta idea en Palimpsestos, con su teoría de la transtextualidad, donde afirma que las adaptaciones, parodias y remakes no son fracasos de la imaginación, sino un modo literario con naturaleza propia. El palimpsesto (ese pergamino que alguien borró para volver a escribir encima y en el que todavía se transparenta el texto anterior) es la metáfora perfecta. Escribir es siempre escribir encima.
¿Y si lo nuevo sí existe?
En Eclesiastés 1:9 ya se sentenciaba que «no hay nada nuevo bajo el sol» (nihil novum sub sole) —prueba, de paso, de que quejarnos es más antiguo que casi todo aquello de lo que nos quejamos.
Pero Henri Bergson decidió llevarle la contraria al mismo sol y en La evolución creadora introdujo la noción de durée, según la cual el simple paso del tiempo produce novedad auténtica e impredecible, no una recombinación de lo existente. Creer que todo está prefigurado, dice, es un error de quienes entienden el pensamiento como reordenar una partida de Tetris en la que piezas fijas y preexistentes se ordenan una y otra vez. Dicho de otro modo, y para disgusto del Eclesiastés: puede que el universo no trabaje sólo con material de segunda mano.
Hacia una nueva originalidad
Quizá el verdadero error sea plantear la originalidad como la necesidad de contar con un catálogo de tramas vírgenes, recién salidas de fábrica. Porque la propia palabra originalidad esconde, al menos, tres conceptos diferentes: el de lo nunca visto, el de la voz propia y el de ser el origen de algo. Tal vez podamos reinventar la originalidad para que no dependa únicamente de la novedad sino también del impacto que tiene en quien lo percibe y en la sociedad entera, en la autenticidad del contenido y las emociones que genera.
La clave no es obsesionarnos con la originalidad; más bien deberíamos centrarnos en el proceso creativo. No en que el resultado sea inédito, sino en la capacidad humana de crear y el gusto de seguir haciéndolo. Incluso aunque el sol ya lo haya visto todo.
Una reinvención de ese estado de absorción total en el que uno se olvida del reloj, del ego y no se pregunta si eso lo ha hecho ya alguien. Donde, además, la recompensa no es la obra terminada, sino el propio acto de hacerla. Un enfoque que nos deje apostar por la belleza, por las emociones que nos genera, por los descubrimientos, los viajes interiores, la imaginación y por la capacidad transformadora del arte.
Y olvidarnos de si llevamos contándonos los mismos cuentos miles de años. Porque el disfrute de la creación no está únicamente en la obra y el autor: está en los ojos y el alma del que mira.
NOVEDADES
El pasado viernes bajamos el telón del curso de Pensamiento Crítico, con Alicia Chavero: cinco semanas hurgando en nuestros propios sesgos, aprendiendo a construir argumentos que se sostengan y a mirar el mundo con algo menos de ruido y algo más de criterio.
Y, si os habéis quedado con ganas, la próxima edición del curso de Alicia arranca el 30 de octubre y ya os podéis apuntar aquí 👉 https://universo42.es/m/pensamiento-critico-oct26.
Nos hace muy felices anunciar que David Alayón entra en la órbita de Universo 42 con su curso «Diseño de futuros mejores», en el que combina historia, estrategia, diseño, innovación y metodologías y herramientas de prospectiva junto con ejercicios prácticos para pasar de espectadores pasivos a arquitectos activos del mañana. Te interesará si buscas explorar posibles futuros que generen planes de acción, para que la probabilidad de tener un futuro preferible sea más alta. Será en Madrid, del 10 de noviembre al 8 de diciembre, y ya podéis reservar vuestra plaza aquí 👉 https://universo42.es/m/diseno-futuros.
CONTENIDOS RELACIONADOS
Los vídeos de Kirby Ferguson — Everything Is a Remix (ver la serie). La serie que lo empezó casi todo: cuatro capítulos demostrando, plano a plano, que copiar, transformar y combinar es la fórmula secreta de Hollywood, Dylan y Star Wars. Adictiva.
Las referencias visuales de Tarantino — CineFix (ver el vídeo). Tres minutos poniendo cara a cara los planos más icónicos de Tarantino y las películas de las que los «tomó prestados». La prueba en vídeo de que robar bien es todo un arte.
Libro: Austin Kleon — Roba como un artista (Steal Like an Artist) (en Amazon). Un manifiesto breve, ilustrado y sin remilgos: nada es original, así que absorbe influencias sin culpa y transfórmalas hasta encontrar tu voz.
Kaizen — Creatividad V: Todo es un remix (escuchar el episodio). Jaime Rodríguez de Santiago dedica un episodio entero a la idea que recorre esta entrada: la creatividad como recombinación. Contenido de la casa, y la excusa perfecta para seguir pensando mejor juntos.
RECOMENDACIONES
Este mes os recomendamos a Almudena Martín Castro, quien nos acompañará en la charla del jueves «Y el sapiens cantó mamá». Almudena es imposible de etiquetar. Con formación en física y bellas artes, es una imprescindible divulgadora que ha colaborado en Radio Nacional, escribe en Naukas y el Cuaderno de Cultura Científica de la UPV/EHU. Es autora de La lira desafinada de Pitágoras (Premio Prisma 2023) y su perfil multidisciplinar dio para una conversación memorable en kaizen: de Beethoven a la NASA. Sin despeinarse.
Si esta newsletter te ha hecho pensar, ya ha cumplido su función. No dudes en compartirla con alguien que también quiera pensar mejor en este mundo maravillosamente complejo que nos ha tocado.
Mientras tanto, nos vemos en Universo 42






Soy de los que se quejan por la falta de originalidad y con este artículo he tenido que replantearme mis quejas (no todas infundadas 👺).
Gracias